Una historia sobre la Providencia

Hace mucho tiempo que no escribo en el blog y sin embargo el otro día me encontré con un audio que me hizo pensar que valía la pena añadir esta entrada y que quede para el futuro. A veces uno conoce casos en los que la Providencia -en mayúsculas- ha actuado, y parece como que nos da un poco de reparo contarlo, por si pudiera parecer «mágico» o «pueril». Sin embargo, creo que esta historia merece ser contada.

Lo cierto es que esta historia me toca muy de cerca, pues es la historia de como mi padre salvó la vida.

Dice la RAE que la providencia es, entre otras cosas:

3.f. Cuidado que Dios tiene de la creación y de sus criaturas.

El Viaje

Era abril de 1959. Mi padre trabajaba por entonces para Presidencia del Gobierno en el Ministerio de Gobernación en Madrid y era habitual que le tocara hacer viajes. En uno de esos viajes le tocó ir a Barcelona, y le asignaron el fatídico vuelo 42 de Iberia para la vuelta a Madrid. Por algún motivo que nunca ha podido precisar, no le gustó el avión, y pidió a Iberia que si devolvían algún billete para ir en otro avión le avisaran.

«Tenia la impresión que no me gustaba el avión, intenté toda clase de enchufes desde Presidencia del Gobierno para que me cambiaran el billete, y era imposible porque no había billetes para otro.»

La familia de mi padre son catalanes, así que aprovechando el viaje a Barcelona, quedó a comer con su hermana y parte de la familia que vivía en allí. Durante la comida le llaman de Iberia que alguien había devuelto un billete de la ruta Estocolmo – Madrid, que hacía escala en Barcelona, así que mi padre lo cambió. Fue al aeropuerto, subió al avión, llegó a Madrid y llamó a sus padres desde Barajas sobre las 12 de la noche y se fue a dormir.

El Vuelo

Aquella noche el vuelo 42 de Iberia, un Douglas FEC-A.B.C se tuvo que desviar de su ruta a la altura de Calamocha por el mal tiempo, y probablemente fueron las condiciones meteorológicas las que le llevaron a estrellarse contra el Pico del Telégrafo en la serranía de Cuenca, falleciendo todos sus ocupantes. En aquel avión viajaba el famoso gimnasta español Joaquin Blume con su mujer.

Restos del Avión – Europa Press

El Despertar

Durante la noche mi padre recibe una llamada intempestiva. Al cogerlo oye una voz: «Lázaro, sal fuera«. Mi padre extrañado al poco reconoce la voz al otro lado del aparato. Es la secretaria del ministro de Gobernación: «¿Tú sabes que el avión que has hecho todo lo posible por no coger, se ha estrellado en Cuenca y se han matado todos?».

En aquel momento pensé: «No era mi hora»

Portada de la Vanguardia del día siguiente al accidente

El Resultado

Sin duda muchísimas cosas habrían cambiado de subirse mi padre a ese avión. La primera, es que yo no estaría escribiendo esto, ni existiría mi hermano, ni los -por ahora- 12 nietos. ¿Quién sabe lo que la Providencia tiene dispuesto? ¿Qué nos deparará el mañana? Aquel 29 de abril de 1959, decidió que mi padre debía vivir, y que yo estaría aquí para contarlo.

Billete de Avión no usado Barcelona-Madrid para el vuelo 42 de Iberia del 29 de Abril de 1959

«El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. «

Jn 3,8

Bonus: La Entrevista

A mi hija mayor Cristina le pidieron que en el colegio que hiciera una entrevista a alguien conocido y se me ocurrió que esta historia merecía ser contada por su protagonista, así que mi sobrino Javier grabó la entrevista al abuelo, para que Cristina pudiera escribirla. Aquí la tenéis:

Entrevista a Luis Romeu

P.D.: Curiosamente en el mismo avión iba a viajar Forges, pero perdió el avión.

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